Subsurface Circular: Un mundo desde un vagón

Isaak Yúdovich Azímov nació en 1920 en Rusia, pero vivió su vida en los Estados Unidos como profesor de bioquímica en la Universidad de Boston y, puede que más importante hoy en día, como escritor. Su trabajo literario se centró sobre todo en la ciencia ficción, dejándonos junto con sus novelas, relatos y ensayos, tres sentencias que han servido de pilares principales para una parte importante del desarrollo tecnológico y, por supuesto, también para un gigantesco número de obras de ficción. Estas tres sentencias son conocidas como las tres leyes de la robótica:


1. Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitirá que un ser humano sufra daño.

2. Un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a excepción de aquellas que entrasen en conflicto con la primera ley.

3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o con la segunda ley.

Son incontables las historias que se han desarrollado alrededor de las mismas, con Ghost in the Shell o Yo Robot como algunos de los ejemplos más conocidos. ¿Puede una máquina tener sentimientos? ¿Qué significa entonces sentir? ¿Dónde está la línea entre la imitación de patrones humanos y el sentimiento real? ¿Podrían llegar a disponer de autoconciencia? ¿Qué consecuencias traería esto para la raza humana? Estos y más temas relacionados son los que este tipo de obras exploran, cada uno a su particular manera, de formas más o menos acertadas.

Subsurface Circular nos pone en la “piel” de un Tek, robots de estructura humana pero que carecen de imitaciones de piel o rostro, para así evitar el llamado “valle inquietante”. Estos Tek realizan una gran cantidad de funciones en esta sociedad: constructores, psicólogos, soldados o, como es nuestro caso, detectives, son algunos ejemplos. 


Mientras nos encontramos sentados en un vagón de un metro destinado al transporte de robots, uno de estos se comunicará con nosotros, pidiéndonos que investiguemos la desaparición de un amigo cercano. Para avanzar en el caso, deberemos hablar con todos aquellos Teks que se suban a nuestro vagón, descubriendo a qué se dedican, qué piensan y qué han vivido.

Y es que serán ellos nuestra única ventana al mundo. Sus palabras serán lo único que tendremos para establecer una visión sobre la sociedad en la que nos encontramos, e ir descubriendo poco a poco desde ese asiento de tren no solo los hechos que investigamos, sino qué es lo que sucede en la superficie y cómo funciona este sistema en el que son las máquinas quienes llevan a cabo gran parte de los empleos que hoy conocemos.

Cada profesión les dará a los Tek acceso a diferentes tipos de información que deberemos utilizar a nuestro favor para avanzar. Todos y cada uno de ellos disponen de sus propias personalidades, manías y maneras de reaccionar. Algunos incluso hacen bromas o muestran sentimientos, pero todo ello de una manera increíblemente artificial. Mientras nuestras conversaciones se desarrollan irán surgiendo nuevos puntos clave sobre los que indagar, ya sea con ese mismo robot o con otro que vendrá después, o que ya ha venido y no ha resultado de ayuda hasta el momento, saltando de conversación en conversación utilizando la nueva información revelada como vía de avance.


A veces tendrás que llegar a descifrar qué intentar decirte algunos o acertar los acertijos que te proponen, retos que llegan a ser bastante estimulantes puesto que suponen el mayor punto de dificultad, pero que se utilizan menos de lo que querría a lo largo de la historia.

Trata la tristeza general creciente del ser humano en una sociedad que ha llegado a los límites del desarrollo tecnológico, la desconfianza de las personas en lo artificial, cuestiona si una mayor inteligencia para los seres robóticos podría llegar a causar grandes problemas, pero sobre todo se centra en uno de los mayores miedos de la gente, la sustitución de la mano de obra humana por una más rápida, más eficiente y probablemente más barata, todo ello desde un punto de vista diferente al nuestro, desde un oscuro vagón bajo tierra de parte de un par de robots, alejados de la visión humana.

Sin duda, eso es lo más mágico de Subsurface Circular. Tú eres el único que jamás se mueve, el único que simplemente ve cómo las estaciones pasan y otros robots van y vienen, mientras poco a poco ganamos una gran perspectiva de ese futuro a través de los “ojos y sensaciones” de otros como nosotros. ¿Es lo que muestran una personalidad como tal? ¿Son capaces de sentir o solo se trata de una replica de sentimientos? ¿Y cuándo esa réplica deja de serlo, qué lo diferencia de los sentimientos “reales”? 


Esas respuestas no deben ser dadas a la ligera, y cada uno tendrá las suyas. De lo que no cabe duda es que Subsurface Circular es una experiencia ideal para explorar estas preguntas y formar así tu propia perspectiva.

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