El contenido vacío

En el videojuego cada vez se llevan a cabo proyectos de mayor envergadura. Títulos los cuales te bombardean con sus apabullantes cifras de contenido a primeras inabarcable, con actividades suficientes para ofrecer al jugador una cantidad de horas ingente intentando completar todas y cada una de las propuestas de la desarrolladora, todo por una simple razón: el precio.


Los videojuegos no son productos de primera necesidad, son artículos los cuales podemos considerar como de lujo, además de los grandísimos costes de producción que muchos de estos llevan a sus espaldas. Es por esto por lo que el precio de los títulos Triple A se sitúa entre los 60€ y 70€, una cifra que de cara al consumidor no se puede etiquetar de “barata”. Es por esta razón que los estudios se ven obligados a de alguna forma “justificar” ese precio ofreciendo experiencias enormes en lo numérico. Cientos de horas de misiones y contenido, mapas estratosféricos, docenas de actividades diferentes que realizar y un largo etcétera. Y, por otra parte, los jugadores exprimen al máximo todo este contenido con el pensamiento de que deben “amortizar la inversión”.

No obstante, cuando nos salimos del contenido principal de muchos de estos videojuegos, nos encontramos con que la mayoría de estas “actividades extra” no son más que misiones vacías, tareas repetitivas o recados sin sentido, convirtiendo tanto el tiempo del jugador como el invertido por los creadores en crear esto, en algo que simplemente carece de razón de ser. Y lo malo no es del todo que esto ocurra en títulos que cuentan con una gran experiencia principal de base, sino que ocurra en aquellos los cuales centran toda su campaña de promoción en este tipo de contenido.


Experiencias las cuales no aportan nada al jugador más que unas horas huecas, carentes de sustancia, que sin embargo aceptamos porque hemos invertido una cantidad de dinero considerable en el producto.





Es por ello que quizá deberíamos poner algo más de atención en esos proyectos los cuales no quieren ofrecerte un mundo de 100 horas de exploración, pero sí una pequeña cantidad de horas que sean realmente disfrutables, en las que cada segundo sea importante y cada detalle que te encuentres esté cuidado al máximo. Juegos los cuales puedas sentarte un domingo al mediodía y que a lo largo de la jornada llegues a su final, habiendo disfrutado de una gran obra que realmente te haya aportado algo.

Son muchos los ejemplos de videojuegos de este tipo: Inside, Evoland, Jotun, Monument Valley, A Story About My Uncle, Portal… Y la gran mayoría comparten un denominador común además de su duración, su precio. Lo normal es que puedas disfrutar de ellos por un coste mucho menor que un título normal, por lo que deberías valorar si prefieres invertir 60€ en un videojuego en el cual la mitad de su contenido es irrelevante o por otro lado 4 videojuegos en el que el tiempo que les dediques sabes que va a ser de un gran nivel.

Por supuesto, no pretendo menospreciar a todos aquellos videojuegos de larga duración, ni tampoco digo que todos estén llenos de vagas misiones. Yo soy el primero que ha invertido muchísimo tiempo en títulos como Skyrim, Fallout, The Legend of Zelda: Breath of the Wild o los Arkham de Rocksteady. Pero resulta innegable a estas alturas con la gran cantidad de títulos de mundo abierto disponibles en el mercado que una grandísima cantidad tienen estas características.




Lo que desde luego sí pretendo es que aquellos que solamente adquieren aquellos juegos que les prometen horas y horas de juego se planteen durante un momento elegir títulos más reducidos. Desde luego que no se arrepentirán, hay muchas pequeñas joyas listas para ser descubiertas.

-Airam

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