Con lupa: Bioshock Infinite

Ama al profeta, pues él ama al pecador. Ama al pecador, porque eres uno de ellos. Sin el pecador, ¿qué necesidad hay de redentor? Sin pecado, ¿qué gracia tiene el perdón?

Esta es una de las frases con las que Bioshock Infinite nos da la bienvenida a Columbia.


En el primer Bioshock viajábamos a Rapture, una ciudad submarina fundada por Andrew Ryan, basada en un capitalismo llevado al extremo y consumida a su vez por los plásmidos, unos líquidos que otorgaban poderes a quién los tomara pero que terminaron enloqueciendo a su población, creando así a los “splicers”.

Sin embargo, Columbia es una distopía un tanto diferente. Se trata de una ciudad flotante en dominada en su totalidad por la religión. El papel de villano principal se le otorgará a Comstock, el profeta quien al igual que Andrew Ryan en el primer Bioshock, estará presente a lo largo de todo el juego, acaparando la atención cada vez que hace acto de presencia tanto él mismo, como cuando es solamente su voz.

Aunque si bien el primer Bioshock centraba toda su atención al “Adam”, los “plásmidos” y las ideas políticas de Ryan, en Infinite los pilares de la trama cambian. El Adam (energía necesaria para utilizar los poderes) se transforma en las “Sales” y los “plásmidos” en “Vigorizadores”, que dejarán de tener un peso argumental importante, quedando como una mecánica jugable más. El extremismo religioso estará presente en todo momento, con todo lo que ello conlleva: racismo, discriminación y abuso de poder. Pero hay un factor más que se añade a la ecuación en este Infinite y que hace de su trama algo tan maravilloso como enrevesado a partes iguales, el juego con las realidades alternas y los universos paralelos.

Cuando hay un espacio vacío en nuestros recuerdos, la mente crea los suyos propios para llenar ese hueco. Algo que ha sucedido aquí no lo ha hecho en infinitas realidades, al igual que sí lo ha hecho en la misma cantidad de estas. Y para poder utilizar esto, entra en escena el personaje de Elizabeth, la cual será nuestra acompañante a lo largo del juego.

 Entre ella y Booker DeWitt (nuestro protagonista) se formará una relación prácticamente calcada a la que vemos entre Ellie y Joel de The Last of Us (lanzado tres meses después de B.I.), en un principio Booker solo utiliza a Elizabeth como un medio para conseguir sus propios objetivos, pero poco a poco este empezará a sentirse más empático y protector para/con ella.

Hay un aspecto que sinceramente, ha hecho para mí que Columbia sea mucho más memorable de lo que fue Rapture y es el momento de nuestra llegada. Es decir, cuando desembarcamos en Rapture, tanto en la primera entrega como en la secuela, el daño ya está hecho, la ciudad ya ha colapsado y se ha destruido a sí misma, pero en Columbia somos nosotros los que presenciamos la transformación de la ciudad como consecuencia directa e indirecta de nuestras acciones, la vemos evolucionar desde sus momentos de paz y prosperidad (con su parte oscura) hasta el caos que nuestra llegada genera.

El punto más fuerte tanto del título como de la saga es su narrativa, es por eso que no queremos desvelar más de esta, eso sí, deciros que es de lo mejor que vais a encontrar en el medio. No obstante, sobre todo en este Infinite, vale la pena hablar de su apartado jugable.

Al contrario que en sus predecesores, en Infinite solamente podemos cargar al mismo tiempo dos armas, obligándonos al igual que hizo el primer Halo a ir rotando entre aquellas que nos encontremos, haciendo que tengamos que adaptarnos a aquello que tenemos disponible en ese momento. El control de las armas es muy superior a lo visto en otras entregas y la variedad de enemigos y Vigorizadores hace que siempre tengas ganas de que llegue otro combate.

Pero puede que las mejor mecánicas que vemos en Infinite sean aquellas que han nacido por y para este título. La primera es el gancho aéreo, que ejercerá tanto de arma cuerpo a cuerpo como de herramienta que nos permite deslizarnos por raíles aéreos y desde ellos disparar o abalanzarnos sobre los enemigos. Gracias a este los combates se vuelven mucho más abiertos, rápidos y frenéticos, abriéndonos una gran cantidad de opciones. Por ejemplo, si hay enemigos que nos ganan en las alturas vienen en una nave, ya no solo podemos disparar desde lejos con fusiles de precisión, sino que existe la opción de llegar hasta ellos rápidamente y cambiar el combate a uno de corta distancia. Todo ello con un diseño de niveles magnífico por parte de Irrational Games.

Y en último lugar tenemos todo lo que nos aporta Elizabeth en combate. Ella nos ayudará cuando estemos en apuros tanto con balas, como con botiquines o sales, pero también es capaz de abrir “desgarros” o brechas a otras realidades para traer robots autómatas que luchen a nuestro lado, cajas de botiquines, coberturas o puntos de anclaje para el gancho, aumentando aún más la variedad de tácticas disponibles.

En resumen, Bioshock Infinite no solo tiene la mejor trama y personajes de la saga (que ya es decir), sino que además destaca en aquellos aspectos en los que cojeaban las entregas anteriores, como la jugabilidad. Es por ello que se corona como la obra cumbre de una saga referente para toda la industria del videojuego.

-Airam.

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