Con lupa: Little Nightmares y el miedo

Todos hemos tenido pesadillas de niños. La oscuridad siempre ha dado lugar a que cualquier simple objeto se transforme en una horrenda criatura, pero muchas veces preferimos mantenernos en ella porque, si encendemos una luz, cabe la posibilidad de que siga ahí, más nítida y vivaz.


Ahora imagina, que entre tanta oscuridad esos miedos cobraran vida mientras que tú estás encerrado a su merced. Desde aquellos horribles monstruos deformes que tu mente infantil creaba hasta tus terrores más adultos. Little Nightmares es una representación de todos esos miedos, y no tiene ningún reparo a la hora de representarlos.

Sin duda alguna, el primer adjetivo que se me viene a la cabeza para describir al título es “grotesco”. Sin embargo, es imposible negar que entre las horribles criaturas, la profunda oscuridad y las estremecedoras situaciones en las que te pone, Little Nightmares sigue siendo hermoso. Incluso cuando debes correr por tu vida perseguido por un grupo espeluznante de criaturas, el título sigue irradiando su particular belleza. Por alguna razón, me recuerda enormemente a las obras de Alfred Kubin, las cuales pese a estar también sumergidas en la oscuridad e irradiar el mismo adjetivo, siguen siendo un arte hermoso y digno de ser admirado.


Little Nightmares es una experiencia para superar tus más profundos horrores, desde los monstruos de la oscuridad a los que temías de niño hasta el miedo a aceptarse a uno mismo como es, más propio de cuando ya has crecido. Pero para sobreponerse a estos, Little Nightmares nos propone sumergirnos hasta lo más profundo de nuestra oscuridad.

Hay un detalle el cual resulta totalmente genial: cuando “mueres” en el juego, ya sea por alguna caída o por ser atrapado por un enemigo, en lugar de salir un menú o una pantalla de “Has muerto”, todo se queda negro unos segundos y de repente Six se despierta gran parte de las veces sobresaltada, como si su muerte hubiera sido una pesadilla más, un reflejo de su miedo a lo que puede ocurrir. Tras esto, nos levantamos y volvemos a enfrentarnos a ello.

Por otra parte, resulta cuanto menos interesante el destacar la forma en la que Little Nightmares trata el miedo, pero primero que todo, hablemos del miedo como tal. Como todos hemos experimentado en nuestras vidas, el miedo es la reacción que experimentamos cuando nuestro cerebro considera una situación como peligrosa, preparándonos para enfrentarnos a ella. Además de todos los efectos físicos que produce, nuestra percepción del mundo se ve afectada, todas las emociones se tornan mucho más intensas, liberamos grandes cantidades de adrenalina y en el caso de muchas personas incluso de dopamina (razón por la cual gran cantidad de personas son “adictas” a juegos o películas de terror).


El ser una de las emociones que más reacciones causa en nosotros (si no la que más) la hace increíblemente atractiva para los creadores (escritores, desarrolladores, directores de cine…), gracias a lo que podemos ver una gran cantidad de interpretaciones y de maneras diferentes de conseguir provocarnos la misma reacción. En el cine se aprovecha el poder controlar en todo momento lo que el espectador ve, por lo que se suelen utilizar determinados ángulos de cámara y larguísimos planos que no hacen más que aumentar la tensión. Sin embargo, en videojuegos los desarrolladores no tienen esa capacidad, no pueden obligarte a mirar en una dirección concreta una cantidad de tiempo justa, sino que se debe trabajar con el entorno al completo. Little Nightmares por su entorno 2,5D tiene más facilidades que por ejemplo Resident Evil 7 para aprovechar esto, pero sigue sin llegar al nivel de control que tienen las obras cinematográficas. Para los desarrolladores de Silent Hill, lo más apropiado para conseguir aterrarte era coger las dos cosas en las que más piensan las personas, la muerte y el sexo, y deformarlas de maneras inimaginables.

Aunque si nos damos cuenta, la muerte y el sexo son en las dos cosas que más piensa una mente adulta, pero no la de un niño. Un niño se encuentra en un mundo que aún desconoce, por lo que cada día se le presentan nuevas situaciones, nuevas personas, nuevas experiencias. Es aquí donde Little Nightmares trabaja el miedo la mayor parte del tiempo. Coge la realidad, las cosas mundanas y las retuerce, las destroza y las revuelve en la mente de un niño aterrorizado en la oscuridad, amparado solamente con su tenue luz, la cual está a punto de extinguirse. Pese a ello, no dejamos de ver escenas que nos dejan con la boca abierta, totalmente paralizados y mucho más duras de lo que puede salir de esa mente infantil asustadiza. La unión entre ambas concepciones y maneras de provocar miedo es uno de los aspectos que sobresale en Little Nightmares.

En definitiva, nos encontramos un título hermoso, capaz de que en lo poco que dura plantearnos infinitas preguntas y a su vez, al igual que el arte, abierto a muchas interpretaciones en función de los sentimientos que sea capaz de transmitirte.

-Airam.


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