Con lupa: Dark Souls III

Para definir la catarsis debemos remontarnos a la antigua Grecia, a la Poética de Aristóteles, donde este mismo la describe como una purificación del alma, del cuerpo y de la mente producida en el espectador por una obra de arte. En su caso se trataba de una tragedia, pero en el nuestro estamos hablando de Dark Souls III.


Los videojuegos son un medio al que se va a escapar de la realidad, a desconectar durante un periodo de tiempo de la rutina y los problemas del día a día, a pasar un rato agradable en un mundo con unas preocupaciones menores del cual somos el centro, entonces ¿por qué iba alguien a querer jugar a algo que le causa frustración, enfado e incluso impotencia? La respuesta está en la anteriormente mencionada catarsis.

En miles de historias empezamos siendo el elegido, el único capaz de salvar al mundo de la amenaza que se le viene encima, pero aquí no. Aquí somos un latente, un no muerto que fracasó su objetivo (avivar la primera llama). No somos nadie especial, no somos nada, no significamos nada. Pero aun así, desde cero, desde la nada más absoluta, desde nuestro fracaso, luchamos.

Luchamos y nos hacemos más poderosos, pero en ningún momento somos ese ser elegido el cual tiene el deber de salvar al mundo. Somos un don nadie que a base de esfuerzo ha conseguido grandes méritos. Nadie nos da nada hecho ni nada es sencillo de conseguir, nosotros debemos jugarnos la piel ante cualquier enemigo, poner nuestra máxima concentración en todos y cada uno de nuestros combates para poder avanzar y así, con suerte, conseguimos salir adelante. Nadie nos va a poner nada en bandeja, nada nos va a ser regalado y el título no será condescendiente con nosotros en ningún momento, y si parece que lo es, recuerda que todo tiene un precio.


Es como correr una larga y dura maratón. Mucha gente va a tu lado, unos más rápido, otros más lento, pero eso es lo de menos en prácticamente todos los casos, corres para superarte a ti mismo, para ver donde están tus límites y romperlos. No luchas contra esas personas, estás luchando contra la propia carrera y contra ti mismo. Dark Souls III es lo mismo. Partes de no ser nadie y comienzas a luchar con lo que se te da, cada vez contra enemigos más y más poderosos, viendo como tus límites se van rompiendo y te vas haciendo más fuerte, te vas superando a ti mismo y a tus expectativas.

Y de repente, llega uno. Sí, sabes a lo que me refiero. A ese mismo sí, a ese jefe el cual se te mete entre ceja y ceja y al cual no ves manera humana de derrotar. Te enfadas, te frustras, dejas de jugar, vuelves lo intentas, no lo consigues y tu sentimiento de debilidad aumenta, pero de repente, en uno de esos intentos que considerabas perdidos, ocurre. Ves la oportunidad, la luz al final del túnel y das todo lo que tienes para, al fin, salir victorioso. En este momento es donde se produce, aquí sientes la catarsis. Es este preciso instante donde has sido capaz de lograr aquello que creías imposible el que hace que de verdad quieras seguir jugando, es el que te hace quedarte enganchado al juego y cambiar en su medida la visión que tenías sobre el videojuego. Esos momentos en los cuales, tras haber estado sufriendo, alcanzas por fin la meta y tu corazón va a mucho más ritmo que cuando ibas corriendo.

Y ese enemigo el cual tanto te ha costado es el que se va a quedar en tu memoria una vez hayan pasado meses tras completar el título. Puede que todos los demás queden en el olvido para ti, pero el que te ha llevado al límite y te ha hecho superarlos se hará un hueco en tu memoria y corazón, cambiando el odio y frustración que un día sentiste hacia él por admiración tanto hacia el propio enemigo como a los desarrolladores.


En lo que respecta a la saga, Dark Souls III puede ser sin ninguna duda, teniendo también los DLC en cuenta, el gran colofón que coloca a la saga Dark Souls entre los grandes exponentes del videojuego tanto en lo jugable como en uno de esos perfectos argumentos a la hora de defender a los videojuegos como arte.

Es una conclusión brillante a la trilogía, teniendo en este una jugabilidad y mecánicas bastante más pulidas y maduras que en sus antecesores, una mayor variedad tanto en equipo como en tipos de personajes los cuales puedes construirte a tu manera, que además si no estás satisfecho con tu inversión de puntos en los distintos apartados, tienes la opción de reestructurar a tu personaje para colocarlos en donde te sientas más a gusto. Por otra parte, además del icónico sistema de doble castigo en la muerte (si mueres pierdes tus almas y si vuelves a morir sin haber ido a recogerlas desaparecen para siempre), se han sustituido las humanidades y efigies vistas en la primera y segunda entrega por el de ascuas, el cual es una mezcla de ambos que añaden un componente estratégico extra. Es decir, no nos volvemos huecos al morir como en el primer juego, pero nuestra vida se establece en lo que llamaremos el tamaño base. Cuando consumamos un ascua o derrotemos a un jefe, nuestra barra de vida aumentará y se mantendrá con tamaño extra hasta que muramos. Gracias a esto podemos guardarnos las ascuas como recursos para aguantar un par más de golpes cuando estamos a punto de acabar con jefes finales o como curación, pero ojo, no podemos usar más de una por vida.

El ritmo es mucho más rápido, sin llegar a las cotas vistas en Bloodborne, pero alcanzando un equilibrio que lo hace bastante más llevadero que lo visto en la primera entrega, y la variedad de escenarios y enemigos le suman el “¿Qué vendrá ahora?” cada vez que acabas con un jefe, por lo que no sientes que estés haciendo lo mismo una y otra vez.

Pero también podemos notar desequilibrio entre zonas, en las cuales pasas de enemigos que al golpearte no sabes si ha sido un espadazo o una caricia a otros que te miran mal y como no tengas cuidado te desintegras. Y por supuesto, esas habitaciones en las que la dificultad no tiene nada que ver, sino que están hechas para que mueras la primera vez que entres. Como un ejemplo de estas, podemos poner una habitación en la zona opcional “Pico del Archidragón”, en la cual dentro de uno de los edificios se encuentra un objeto, pero al ir a recogerlo, dos enemigos saltarán desde izquierda y derecha a por nosotros, dejándonos prácticamente sin escapatoria.


Pero para esto está la comunidad. Si jugamos online, podremos ver diferentes mensajes que los jugadores escriben para que otros puedan verlos, avisando por ejemplo de alguna trampa, de caminos secretos o de tesoros ocultos, lo cual supone una gran ayuda sobre todo si es la primera vez que juegas.

Dark Souls III es la guinda del pastel que coloca a From Software entre los más grandes estudios del medio. Una obra que refina y pule gran parte de los errores cometidos por sus predecesores, pero que se sostiene también por sus propios méritos sin tener que depender del aclamado Dark Souls original, convirtiéndose así en la mejor entrega de las tres. Sin duda, un videojuego que deberías probar si quieres ver hasta dónde eres capaz de llegar.

-Airam

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