Por qué no voy a rejugar Shadow of the Colossus

El pasado 7 de febrero salió a la venta el remake del magnífico Shadow of the Colossus, el título original del Team Ico que salió originalmente en PlayStation 2 y que ahora ha sido traído de vuelta por BluePoint Games, un equipo de desarrollo especializado en este tipo de trabajos.


El título está vendiendo gran cantidad de copias, situándose desde su salida en lo más alto de las listas de ventas de lugares como por ejemplo Reino Unido, lo cual significa que muchas personas ahora pueden disfrutar de una de las mayores obras de culto que ha dado el medio y una de las mayores bazas a la hora de calificar el videojuego como arte, lo cual es claramente positivo a todas luces. Pero yo, por mi parte, no voy a rejugar Shadow of the Colossus.

No es una decisión tomada por las típicas razones que se dan cada vez que sale un remake del estilo “Es que ya no es el mismo juego” o “Es que han cambiado los gráficos” ni tampoco un “Es que los controles ya no son iguales”. No, no tiene nada que ver con cosas de ese estilo. 

Podemos dividir a los videojuegos en varios tipos en función de su rejugabilidad. Por un lado tenemos a los videojuegos competitivos o cuyo factor clave es el multijugador. En esta categoría entrarían los clásicos FIFA, Battlefield, Call of Duty, League of Legends, Tekken o Counter-Strike, títulos en los que la misma palabra rejugabilidad pierde el significado por completo, dado que el tiempo de juego que nos ofrecen en su modo objetivo (el multijugador competitivo) es potencialmente infinito. En el segundo grupo podemos poner a esos videojuegos en los que su argumento y sucesos tendrán variaciones dependiendo de las decisiones que nosotros tomemos, ya sea desde los Infamous en los que tenemos marcados dos caminos claros, el del bien y el del mal, con suficientes diferencias tanto en historia como en jugabilidad para justificar que nos pasemos ambas, hasta juegos como Alpha Protocol o el próximo Detroit: Become Human, en las cuales son incontables las posibilidades. Hay un tercer grupo el cual su historia o argumento pueden tener o no valor para estos pero cuyo foco principal de la experiencia se encuentra en explotar al máximo su jugabilidad y mecánicas, lo que les hace que pese a que su argumento no tenga variación entre una partida y otra sean altamente rejugables. Grandes ejemplos de este grupo son los Dark Souls o Bloodborne, los cuales puedes pasarte infinitas veces con muchas variaciones de personajes o simplemente la misma, con el único objetivo de probarte a ti mismo. También entrarían en la categoría juegos como Super Mario Odyssey o Ratchet & Clank. Por último están esos juegos donde el argumento sí que es uno de los grandes pilares de la experiencia, y donde lo que sientas o como vivas lo que sucede en el juego es lo más importante sin lugar a dudas. En este grupo están The Last of Us, The Last Guardian, los Final Fantasy, What Remains of Edith Finch y, por supuesto y por encima de todo, Shadow of the Colossus.


Shadow of the Colossus no es un videojuego más. Shadow of the Colossus no es una obra que destaque por su jugabilidad, sus mecánicas fluidas, su control maravilloso o su dificultad, ni siquiera por sus gráficos. Shadow of the Colossus es grande por otras razones.

Es grande porque no busca la perfección en todos sus aspectos, es grande porque todos van dirigidos a potenciar un sentimiento, una idea. El viaje en Shadow of the Colossus si bien no es de la duración de un profundo RPG, es capaz de despertar en ti más emociones en 16 colosos que muchos de estos juegos en 160 horas. Agro es un pequeño y perfecto ejemplo de esto mismo. Hay miles de videojuegos en los que se te permite montar a caballo y en los que, cuando lo haces, el control es más que maravilloso, donde no sufres porque lo que hay en la pantalla no se corresponde con lo que pulsas y donde estos animales actúan según lo que tú mandes. Juegos donde esos caballos no son más que una simple máquina, una pila de pixeles y líneas de código que solo están ahí para transportarte de un lugar a otro, igual que un coche, una moto o una bicicleta. Agro no es eso. Agro no te hace caso a lo que digas en todo momento. Se comportará de manera rebelde, irá a donde quiera, se asustará, huirá, te tirará de sus lomos y te hará enfadar por muchas de estas cosas. Pero luego, es la única compañía que tienes, es quien te ayuda en los combates, es quien te lleva a ellos y es con quien compartes todo lo que sucede. Lo que se forma es una relación, un sentimiento. Se siente de verdad como si se tratara de un ser vivo y no de comandos en un lenguaje de programación. De verdad terminas sintiendo un apego especial, como si fuera totalmente real.


Tu movimiento es tosco, tus animaciones algo torpes o lentas y tus controles podrían ser bastante mejores, pero todo esto tiene un fin claro. Todo ello contribuye en que de verdad sientas que eres un chaval muy pero que muy pequeño luchando contra bestias para los que él es solo un simple insecto, armado con una espada pesadísima que ni siquiera sabes usar correctamente. Toda la torpeza y la poca precisión hacen que de verdad te veas luchando contra seres que te superan en todos los aspectos. No eres un cazador de Bloodborne o el mismo Mario en Super Mario Odyssey, que con la habilidad suficiente puedes hacer cosas increíbles y dejar a los enemigos o al escenario en el caso de Mario como si no supusieran nada para ti. Aquí no puedes dar demostraciones abrumadoras de habilidad y que tu personaje haga exactamente lo que mandes. En Shadow of the Colossus eres lo que eres, un chaval con un trozo de metal en frente de divinidades.

Pero estos enormes seres no son malos. La mayoría ni siquiera muestra una actitud agresiva cuando te acercas a ellos por primera vez, ellos simplemente tratan de defenderse y sobrevivir. Aquí el asesino eres tú. Y todo ello lo haces por, según tu más absoluto egoísmo, lo que consideras un bien mayor. En este punto no me voy a extender mucho más ya que tenemos un post hablando exclusivamente sobre el sentimiento de culpa en Shadow of the Colossus. El caso es que ese sentimiento se encuentra presente en ti desde la primera puñalada hasta la última de tus atrocidades, carcomiéndote por dentro, haciéndote sentir cada vez peor.

Shadow of the Colossus es un juego al que no le importa ir destrozándote poco a poco, ni tampoco hacerte sentir bien para luego romperte del todo. Es un juego que tú no juegas, él juega contigo, con tus sentimientos, y que sabe hacerlo a la perfección. Eso es lo que lo hace tan grande. Y eso solamente lo vives la primera vez que te pones a los mandos. Porque puede que ahora se vea mucho más bonito y que sea sin lugar a dudas la mejor versión existente de la obra, pero es una en la que lo importante no es lo visual, sino lo que te hace por dentro.

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