El sentimiento de Shadow of the Colossus: la culpa

Shadow of the Colossus es una de esas obras maestras que cualquier aficionado al medio debería jugar de forma obligada. Es una obra de arte atemporal, hermosa y única que bien debería ser tomada más como ejemplo por los juegos actuales, ya que usa el que Fumito Ueda llama diseño por sustracción, creando un título en el que cada una de sus partes son inolvidables.


Su historia no es la historia de un héroe, no es la historia de un habilidoso guerrero que atraviesa duras batallas y pruebas en pos de la justicia y el bien. Esta es una historia egoísta, en el que sacrificas lo que haga falta por conseguir tu objetivo, en el que te sometes a fuerzas que no conoces para lograr lo imposible. Muchos podrían pensar, y no estarían del todo equivocados, que entonces la principal emoción que sientes es esta, el egoísmo, pero no es así. Hay otra que te tortura, que la sientes en tus hombros y que se encuentra presente a cada instante. Y esa es la culpa.


Como todos conocemos, para conseguir tu objetivo, el de devolverle la vida a la persona que quieres, debes antes destruir otras vidas. La de 16 colosos los cuales son preciosas criaturas que viven en paz en la Tierra Prohibida. Son seres increíbles, con los cuales te sientes maravillado con solo su mera presencia.

Pero tu objetivo es tu objetivo. Tu egoísmo llega al punto de que eres capaz de asesinar a sangre fría a esos seres de ensueño. Te subes en tu caballo, corres hacia ellos, subes, encuentras su punto débil y los apuñalas tu espada robada. Ellos se retuercen, sufren,  sienten dolor, pero aún no es suficiente. Deben caer. Deben morir. Y tú debes ser su verdugo.

Muchos de ellos te atacan cuando te ven, pero es solo instinto de supervivencia, ellos solo intentan defenderse de ti, del asesino que va tras ellos. Pero eso no son los que más duelen. La mayor sensación de dolor que sufres es cuando ves a un coloso pacífico, y te quedas observándolo, disfrutando de su majestuosidad. Él no te ataca, solo pasa por ahí. Pero tú debes ir a por él, debes poner fin a su existencia.


No eres un héroe. No progresas a lo largo del juego. Es más, empeoras. El aspecto de Wander se va volviendo más gris, más decrepito, más como un demonio. Como un alma que ha sido consumida y que ya no tiene vuelta atrás. Eres el culpable, eres un asesino y ya no puedes remediarlo, así que solo te queda cargar con ello y terminar lo que empezaste. Así que continúas, cargando con sus vidas a tus hombros, con la culpa de hacer eso que sabes que está mal. Porque a fin de cuentas, el gran villano de esta historia, eres tú.


Hay pequeños fragmentos en los que simplemente, te levantas en el templo, coges a tu  yegua y siguiendo la luz de la espada te diriges a por tu siguiente víctima. Pero a lo largo de ese camino no hay nada. Solo tú, un vasto mundo y tu yegua. Además, la cámara se aleja de ti, por lo que tu visión se centra en el escenario. Son estos minutos en los que tu mente recuerda a todos los colosos que ya has matado. Son estos momentos de tranquilidad los que incrementan ese horrible sentimiento. Son estos momentos los que te recuerdan lo que estás haciendo, y aun así avanzas, te diriges a robar otra vida. Sufres por lo que haces y  por lo que debes seguir haciendo. Pero es lo que has decidido, y deberás cargar con ello. Ya no hay vuelta atrás.


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