El gran problema de Final Fantasy XV

Final Fantasy XV es un videojuego que fue presentado hace ya 11 años como Final Fantasy Vs 13, y fue lanzado el pasado 2016, tras diez años de espera y retrasos. La opinión general sobre el juego es variada, pero sin dudas, salvo por el estilo de combate que esta vez es en tiempo real en lugar del clásico sistema de turnos de la saga, conserva la esencia que siempre ha caracterizado a Final Fantasy, teniendo un mundo muy abierto al inicio, donde podemos explorar y viajar, para cuando nos acercamos al final, hacerse lineal y terminar su historia.


El videojuego en sí, es para muchos, una pequeña obra de arte, no al nivel de títulos como Shadow of the Colossus o Journey pero sí que, la belleza de su mundo, las impresionantes criaturas que lo pueblan y la increíble banda sonora, son argumentos de peso para considerarlo como tal, por no mencionar por ejemplo las ciudades de Restallum o Altissia, siendo estas de las mejores ciudades hechas en un videojuego de estas características, excluyendo claro a esas ciudades que constituyen el mapa completo.


Square Enix quiso darnos una gran historia, con un buen antagonista que está presente a lo largo de todo el juego, un mundo con su propia mitología y con un final digno de los mejores. Incluso tenemos también una película que sirve de precuela con su propio protagonista, un beat 'em up protagonizado por el rey y un anime, aumentado el universo del juego fuera del mismo, como ya habían hecho en su momento con Final Fantasy VII, el cual tuvo una precuela como videojuego exclusivo de PSP “Crisis Core: Final Fantasy VII” y otra película esta vez situada dos años tras los eventos del original.


¿Entonces, dónde está el problema? El problema viene en como la compañía ha tratado el juego tras haberlo sacado a la venta. Viene en los contenidos adicionales que se han ido añadiendo para alargar la vida útil de este. No me voy a meter con los DLCs propios de cada personaje, ya que abarcan el tramo de la historia en donde se separan del grupo, osea, que forman parte de la historia desde un principio pero no son necesarios para su comprensión. Me refiero a esos contenidos que hacen que deje de plantearme el título como arte, para tratarlo como un simple producto de entretenimiento como puede ser una película como Fast & Furious.


Primero vino la inclusión del presidente de Square Enix como jefe final, el cual puede parecer un divertido guiño, una anécdota curiosa y un cameo al estilo de Stan Lee. Después de esto no han parado de llegar cosas que lo único que hacen es transformar poco a poco lo que en un momento pudo llegar a ser una de esas obras a mencionar cuando hablamos de que los videojuegos son arte, en un mero producto más, que solo pierde la seriedad y profundidad que intentaba conseguir en un principio. Han llegado o llegarán un casco de fideos instantáneos para Noctis, una espada con música electrónica y aspecto de mesa de DJ, e incluso armaduras al más puro estilo Power Rangers para los cuatro protagonistas. También hemos tenido ropas como el traje de carnaval, el cual era un disfraz de mariachi y por último, una oda al fanservice. El festival de Assasin’s Creed. Con este, el juego se convierte en poco más que un producto publicitario, un videojuego utilizado para la promoción de otro y que no se respeta a sí mismo. O al menos, los de arriba, no parecen respetarlo.

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