The Legend of Zelda: Breath of the Wild. Pequeñas flaquezas y un gran aspecto

The Legend of Zelda: Breath of the Wild es el juego de 2017. Nadie duda eso, este es su año y el de su consola, aunque muchos también lo consideran el mejor juego de la historia. No vamos a discutir si eso es verdad o mentira en este post, pero lo que sí queremos mostrar juegos que en algunos apartados, en nuestra opinión, están un punto por encima.


Los tres juegos que mencionaremos son todos exclusivos de PlayStation, pero no es algo que hayamos tenido en cuenta ni tampoco queremos transmitir favoritismo hacia la plataforma.

 En Zelda, tenemos como no, a Link de protagonista, que está ahí para hacer de conexión entre el juego y nosotros, pero podemos deducir algunos aspectos de su verdadera personalidad como su corazón puro, necesidad de ayudar a los demás y su gran valentía para enfrentarse a cualquier peligro. En los videojuegos estamos acostumbrados a este tipo de personajes mudos tales como Gordon Freeman (Half Life), los protagonistas de Pokémon y Bioshock, e incluso Jack en la primera entrega de Jack and Daxter. ¿Qué problema supone esto a la hora de contarnos una historia? Pues es sencillo. Una historia trata sobre los personajes que la viven y los problemas que sufren y una parte muy importante de esto es ver la evolución que tienen desde el inicio hasta el final. Con personajes planos esto se hace imposible. Al tener una personalidad inexistente no hay evolución. Tampoco queremos obviar los diálogos y las cinemáticas. Da mucha rabia, ver como te ridiculizan y que tu personaje ni siquiera cambie la expresión. Como contraparte a esto, tenemos a The Last of Us. Al inicio de la historia vemos a Joel como un hombre normal que vive con su hija, como cualquiera de nosotros pero luego, tras el incidente y las duras circunstancias acaba haciendo cualquier cosa por seguir con vida. No tiene un corazón puro, no es un ángel, él es humano, también tiene su parte egoísta, también tiene sus momentos de rabia y también sufre... y hace sufrir. Un aspecto positivo a seguir de este juego no es solo la evolución de Joel a solas, la relación que tiene con Ellie, de indiferencia al inicio y amor paterno según avanzan y sobreviven juntos es algo que seguro que a todos nos encantaría ver en más títulos.


En segundo lugar, uno de los apartados más distintivos de este Zelda es la mecánica de durabilidad de las armas, en la que nos encontramos bastante divididos. Si bien por un lado hay muchísimas armas por todo el mapa y rara vez te verás en escasez de ellas, se ven más como consumibles que como nuestras herramientas de combate. A todos nos pasa que en juegos que nos dejan elegir nuestra arma solemos encariñarnos con una o simplemente la manejamos mejor, por lo que es la que elegimos para terminar el juego. Esta opción queda eliminada completamente debido a la corta duración de esta sin posibilidad de ir a algún herrero o repararlas con materiales que encontremos, porque ni siquiera podemos estar todo el tiempo usando la espada maestra. Este sistema nos parece más adecuado el de juegos como Bloodborne en el que encuentras bastantes armas, pero puedes usar la misma durante mucho tiempo, mejorar su daño y repararla con ecos de sangre (la moneda del juego que obtienes al acabar con enemigos). Esto no te quitaba la variedad de armas y te permitía jugar con tu preferida.


Por último, este no es para destacar un punto negativo, sino para todo lo contrario, admirar lo que han logrado. Cuando estás andando por Hyrule, subes a una montaña y admiras el mapa que te rodea te sientes maravillado, pequeño y solo, al igual que al ver las enormes bestias divinas y su majestuosidad. Esto probablemente nos recuerde a uno de los mejores juegos de la historia, Shadow of the Colossus. Son sentimientos que nunca olvidas, son momentos que se te quedan grabados, y que The Legend of Zelda en esta entrega haya conseguido provocar el mismo sentimiento que la obra maestra de Fumito Ueda habla por sí solo. No decimos que sea o deje de ser el mejor videojuego de la historia, pero una cosa sí que nadie puede discutirla, está entre los mejores.


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